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Gran parte de las enseñanzas que el mundo occidental nos ha inculcado radican en que todo bien se halla fuera de nosotros y todo mal, también. Así, vivimos ansiando poseer lo que está aparte y peleando para rechazar lo negativo que se acerca.
Durante siglos se nos ha hecho creer que el paraíso está más allá, en lo lejano, y que el mal toca a nuestra puerta amenazándonos con destruir los pocos o muchos beneficios que vayamos conquistando. Añoramos llegar a ese paraíso y obtener todos los bienes y bondades que se asocian a él. La Felicidad es uno de ellos y, con base en estas falsas creencias, se convierte en un objeto, en “algo” qué conseguir y retener, en vez de considerarse una disposición hacia la vida.
Se confunde a la Felicidad como un lugar al cual arribar, cuando en realidad es una manera de viajar. Se pretende alcanzarla luchando, haciendo tortuosos intentos y peor aún, sufriendo con la idea de por fin obtenerla y después, perderla. ¿Has observado a un perrito correr tras una mariposa?
Llegó el momento de detenernos a pensar que no somos meros espectadores, pasivos y víctimas del lugar y las circunstancias “que nos han tocado vivir”. Somos, en cambio, agentes activos, propositivos, creadores de lo que deseamos ver manifestado. Se podría decir que somos los escritores y directores de escena de lo que está sucediendo en la película de nuestra vida. El cambio de perspectiva indefectiblemente nos lleva a un cambio de actitud y nos convierte en ejecutores libres para decidir generar lo bueno y erradicar lo malo de la historia que estamos experimentando.
Desde este ángulo, la Felicidad se convierte en una decisión y no en aquello externo que debamos perseguir. El concepto de “paraíso” se transforma en algo asequible al asociarlo con una actitud de nuestro Ser, al estar conscientes de lo que estamos creando y de aquello en lo que enfocamos nuestra atención.
Día con día experimentamos cosas maravillosas, invaluables… pero centramos nuestro interés en lo que no tenemos, en lo que no ha llegado o en lo que nos disgusta: la camioneta que tiene la vecina, la casa soñada que sería imposible de pagar, la pareja que no se tiene, la violencia que estalla por todos lados… Para hacer más evidente cómo gran parte de la vida se nos escurre al enfocarnos sólo en las carencias y en los miedos, convendría preguntarnos: si hoy perdiéramos todo lo que tenemos y, de pronto, lo recuperáramos, ¿seríamos felices?
Otro factor que ha contribuido a convencernos de que la felicidad es irrealizable es considerarla una emoción. Podríamos definir una emoción como el estado transitorio de placer o displacer que sentimos al conectar -una vez más- con algún evento externo. Según sea nuestro pensamiento respecto a lo que ocurra “allá afuera”, será la emoción: alegría, coraje, serenidad, tristeza. Pero, estos eventos están cambiando todo el tiempo y por ello, nuestras emociones son como una montaña rusa, fluctuando entre la euforia y la desesperación. Considerándola así, la Felicidad sería uno más de esos estados, efímeros, cambiantes, dependientes de todo, excepto de uno mismo. Por ello, equivocadamente se habla de “momentos felices” o de “saborear la felicidad, mientras dure”.
Lejos de ser una emoción, la Felicidad es una decisión de mi alma. Una emoción se asocia al estar: furioso, incómodo, satisfecho. Una decisión se relaciona con el Ser: agradecido, amable, respetuoso, feliz… independientemente de lo que esté ocurriendo en el entorno. Buda decía:

“Alabanza y culpa, ganancia y pérdida, placer y penas vienen y van igual que el viento.
Para ser feliz, permanece como un árbol gigante en medio de todo éso”. Dharmesh.

En suma, la Felicidad no es algo externo tras lo cual ir, sino una elección que implica la disposición para cambiar de actitud y de enfoque; no es un estado emotivo fugaz, sino una determinación del Ser; no es inalcanzable, pues tenemos la libertad y capacidad para generarla, entonces, ¿existe alguna “fórmula” para vivirla? Nuevamente, la respuesta está en la actitud que proyectemos hacia la vida. He aquí algunas sugerencias que nos pueden encauzar a Ser Felices:

• Desciende a las profundidades de ti mismo y busca la bondad que hay en tu alma. ¡Te llevarás una grata sorpresa! Además, no cuesta nada.
• Trata de hacer el bien al mayor número de tus semejantes.
• Dirige tu atención hacia lo que consideras bello, valioso, luminoso, evitando detenerte a exaltar lo sórdido, lo hostil y lo grotesco que tanto te atemoriza.
• Agradece, desde el inicio del día, los muchos beneficios y bendiciones que sí tienes.
• Disfruta, como un niño, de las cosas comunes y sencillas, llevando a tu corazón ese momento como algo atesorable, sin ocupar tu mente en lo que podría suceder después.
• No te limites a cumplir con tu deber: ama ese deber y encontrarás gran sentido a lo que haces.
• Vive como si estuvieras enamorado: de una idea, de una afición, de un ser especial, de la vida misma.
• Proyecta al mundo tus mejores cualidades, pues la Felicidad es como una fuente mágica: mientras más la damos, más nos queda.
Cuando una persona ha decidido que nada le satisface, se está acercando a cumplir su propia profecía de infelicidad. Recordemos que cuando un ser no puede encontrar Felicidad dentro de sí mismo, es inútil que la busque en otra parte. Por lo tanto, busquemos la Felicidad y la paz interna en aquello que no nos pueda ser arrebatado.

Rosalba Reynoso Javier es licenciada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la UNAM.
Diseña e imparte Cursos, Talleres, Asesorías y Conferencias enfocados al despertar de la conciencia y al desarrollo integral del ser humano.

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